Los ascéticos no saben reír – La mirada psicológica.

Se habla mucho de aprender a observar las emociones sin dejarse arrastrar por ellas.


De mirar la ola desde la orilla.


De contemplar el dolor o la alegría como fenómenos pasajeros, igual que las nubes que se disuelven en el cielo.


Psicológicamente, ese ejercicio de desapego tiene su valor: evita que la rabia se convierta en violencia, que la tristeza desemboque en hundimiento. Pero llevado al extremo, puede transformarse en otra forma de vacío.


Porque cuando uno aprende a mirar la ola sin mojarse, también corre el riesgo de no sentir el mar.


Es ahí donde aparece la paradoja: menos dolor, sí, pero también menos vida.


El sujeto desapegado se describe a menudo como sereno, imperturbable. Sin embargo, en la intimidad surge otra vivencia: la de estar en un escenario donde se mueven actores que ríen y lloran, mientras él observa desde la butaca sin poder subirse nunca a la obra.


La psicología cognitiva habla de desidentificación: no somos nuestras emociones. Y, sin embargo, la experiencia subjetiva nos recuerda lo contrario: que gran parte de lo que entendemos por “estar vivos” es precisamente dejarnos arrastrar por ellas, aun con riesgo de naufragio.


Fernando Moreno Pereira

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