Me miras como una valla que saltar,
un establo acorralando los relinchos a caballo
de tu pecho,
una curvatura en el espacio-tiempo de la alegría,
un pellizco en las puñeteras ganas de algo,
me miras con la esperanza de que
a base de mirarme
pudieras desgastar mi cuerpo,
horadar mis huesos, corroer mi carne,
borrar las huellas, blanquear mi sangre,
hasta que nada ya estorbara,
nada ya, topase,
hasta que ninguno de mis átomos,
protones,
neutrones,
quedaran libres de extirparse,
un vacío de querellas en mitad del salón,
un vacío liberado, en la mitad sin rostro de mi parte,
un vacío que, por vacío,
átomo tras átomo, carne a carne,
pudiera ocuparse y rellenarse.
